Lentamente van quedando en el olvido las dramáticas imágenes de lo que se ha denominado en los medios de comunicación la tragedia invernal. Múltiples lugares de la geografía rural y urbana y más de dos millones de afectados regresan a su normalidad: a la pobreza extrema que reproduce una secular existencia humana precaria.
Las causas sistémicas de semejante situación, tales como la destrucción de las condiciones socioambientales por la tendencia histórica de la acumulación capitalista, la escandalosa concentración y centralización de la riqueza y del ingreso, la guerra social impuesta por las clases dominantes o la ocupación del territorio que produce y reproduce la marginalidad social, son soslayadas y, en lugar de ello, todo se presenta como fruto de causas naturales.